
Tito Rodríguez: ¡Qué timbalero que cantaba bueno un bolero!
Santo Domingo.-En la atmósfera libertaria que arropó las calles dominicanas tras la decapitación del tirano, compartiendo la alegría de un pueblo deseoso de respirar a sus anchas y expresar sus sentimientos, aparece en la radio y en los tocadiscos caseros la voz queda y melancólica de Tito Rodríguez (1923, Santurce-1973, New York).
EL AUTOR es sociólogo. Reside en Santo Domingo. Con una nueva factura como bolerista -que se confundiría a ratos con el timbre del también boricua Vitín Avilés-, desde su banda neoyorquina de mambos y chachachás antes nos había deleitado soneando Sun Sun Babaé, Me lo dijo Adela, Los Marcianos, Vuela la paloma, Báilala hasta las dos (relanzado en el solar local por el Songo Santana), así como con otros temas picantes de la rítmica antillana.
Nacido en 1923 en la Isla del Encanto, se inició en la música de la mano de su hermano mayor Johnny Rodríguez, trasladándose en 1939 a New York. Allí, el joven cantante y timbalero se vinculó a las orquestas latinas de los catalanes Enric Madriguera y Xavier Cugat (ambos forjados en la matriz habanera), de los cubanos José Curbelo y su Rumba Gallega y Machito y sus Afro-Cubans, así como a la del virtuoso pianista boricua Noro Morales.
En 1948 Tito Rodríguez, acogido por la creme del sonido latino de New York, lanzó su banda Diablos del Mambo, en el despunte de un ritmo que enloquecería por más de una década a fans anglosajones e hispanos. Durante los años 50 -en pleno furor del mambo y del chachachá- su banda se disputó el favor del público danzante con las orquestas de Tito Puente y Machito, los verdaderos Mambo´s Kings, en el célebre salón de baile Palladium Ballroom de Broadway y 53rd Street.
«En la vida hay amores/ que nunca pueden olvidarse/ Imborrables momentos que siempre/ guarda el corazón/ Porque aquello que un día nos hizo/ temblar de alegría/ es mentira que hoy pueda olvidarse/ con un nuevo amor». Era la lírica evocadora del pianista cubano Julio Gutiérrez -uno de los arquitectos de la Super Orquesta San José-, eternizada por el decir entrecortado de Tito Rodríguez, en su composición Inolvidable. Grabada en 1963, fue éxito de audición, al igual que Llanto de luna y Desconfianza, otros temas del maestro Gutiérrez.
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