
Asesinato de Jesús Cuevas: Un crimen que desgarró el alma
Santo Domingo.-“Ese muchacho era muy tranquilo y, a veces, hasta simpático porque saludaba a uno”, dijo una vecina, cuyo nombre pidió ser omitido, de Francisco Javier García Quezada, “Anthony”, apresado por haberle quitado la vida al joven que había sido reportado como desaparecido desde el pasado seis de octubre, Jesús Cuevas.
La mayoría de los residentes con los que hablaron reporteros de listín Diario en la calle Tercera, sector San José, en el kilómetro siete de la carretera Sánchez, perteneciente al Distrito Nacional, coincidían en lo mismo, describiéndolo como una persona, además, solitaria, que no hablaba y que “hasta su captura no dio señales de nada fuera de lo normal”.
Sin embargo, Anthony, de 30 años, escondía en su casa, en un tercer piso, el cadáver descuartizado de Jesús, en una funda negra dentro de un tanque plástico azul, sellado con otra funda.
“Él le dijo a una vecina bien cercana: ‘Vecina, excúseme por este problema’, cuando lo agarraron en la esquina, porque se sentía avergonzado. Él le dijo a la doña que hizo algo de lo que se avergonzaba y llorando… y ahí fue que nos dimos cuenta de la gravedad del asunto y lo que estaba pasando, porque él ni siquiera actuaba como si tuviera algo oculto en su casa”, narró Félix Ceballos.
Es tanto así, que Ceballos, dijo que un grupo de adolescentes iba y se reunía en su casa a jugar “Mortal Kombat” con la computadora de su propiedad, y también Play Station 3. Lo hacían en la pequeña sala, en donde un espejo, un abanico negro de pedestal y el escritorio con los CDs de los juegos, una fotografía junto a su hijo de cuatro años y una especie de sillón ‘gamer’ daban la bienvenida.
Sin saber que el cuerpo sin vida del joven Jesús yacía en el cuarto del fondo de la casa, los jóvenes se entretenían y pasaban ratos de diversión junto a él, narró uno de los menores a Listín Diario.
Otro de sus vecinos, conocido como Francisco, señaló un muro de cemento cerca de la acera de la calle Tercera y que queda frente al callejón para entrar a su casa, en la que se sentaba frecuentemente, diciendo “antes de ayer estaba ahí sentado, lo vi yo, tranquilo y sin preocupación alguna”.
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