No somos lo que nos hicieron. Somos lo que resistimos

No somos lo que nos hicieron. Somos lo que resistimos

28 Mayo 2026 Nacionales

En el primer artículo de esta serie hablé del Estado como cómplice, del depredador con rostro institucional, de las mujeres que mueren mientras el sistema mira. Ahora quiero hablar de lo que sobrevive a pesar de todo eso, de lo que ningún patriarcado ha logrado extinguir del todo: el instinto femenino.

Hace unos años mi hija, siendo adolescente, me regaló el libro “Mujeres que corren con los lobos”. En ese momento me pregunté si ella sabía de qué trataba la obra, o qué buscaba que yo descubriera leyéndola.

Les cuento que la leí de inmediato y en tiempo récord. Hoy quiero compartir lo que encontré en sus páginas, como detonante para un nuevo abordaje de un fenómeno que no es nuevo, pero que sí exige respuestas distintas.

La autora, Clarissa Pinkola Estés, explora el arquetipo de la “Mujer Salvaje”. A través de mitos, cuentos de hadas y leyendas, enseña cómo las mujeres pueden reconectar con su instinto, creatividad y fuerza interior, superando la represión que la sociedad les ha impuesto.

Es una guía de autodescubrimiento para sanar heridas emocionales, abrazar la verdadera identidad y vivir con libertad, pasión y autenticidad.

“A mi loba interior la he enseñado a no temer los cambios, a escuchar la voz interior y a liberarme de la necesidad de ser complaciente solo por encajar en moldes sociales.”

La autora nos recuerda que lo salvaje no es una amenaza, sino una herencia psicológica vital: la naturaleza instintiva, indomable y sabia de la mujer. Una naturaleza que, por cierto, está en peligro de extinción debido a las presiones sociales por “civilizar” y domesticar lo femenino.

Esa domesticación, nos dice Pinkola Estés, es precisamente lo que nos hace más vulnerables al depredador. La desconexión con nuestros instintos, límites y autonomía nos expone a la manipulación y al abuso.

“Si vivimos como respiramos, tomando y soltando, no podremos equivocarnos.” Esta frase de la obra simboliza el ciclo de la vida: tomar, aprender, dejar ir, aceptar, avanzar. Es también una filosofía de resistencia. Una loba no acumula lo que le hace daño, suelta. Sigue.

Como escribió Gloria Steinem: “La verdad te hará libre, pero primero te hará miserable.” Reconocer la violencia que se ha normalizado, nombrarla, negarse a seguir tolerándola, eso duele. Pero es el único camino.

Quiero reafirmar que la capacidad que hoy tenemos de reclamar nuestros cuerpos, nuestra identidad y nuestra historia es ganancia de un movimiento político y de resistencia que se llama feminismo.

Un movimiento que ha hecho construcción teórica y activismo durante más de un siglo, que nos ha dado el poder de escoger lo que queramos ser, y cuya lucha sigue hoy de la mano de millones de mujeres en el mundo.

Ante cada feminicidio, ante cada niño que queda huérfano, ante cada Esmeralda que el sistema dejó sola, la respuesta no puede ser solo el duelo. Tiene que ser también la rabia organizada, la exigencia colectiva, la loba que no se calla.

Porque la guerra más larga de la humanidad no ha terminado. Pero tampoco la estamos perdiendo.
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